Ruego atención porque la situación es muy grave: según la prensa, aunque siempre sospechosa, canallesca como se llamaba en tiempos, Zapatero, nuestro inmarcesible líder moral, se ha enfadado. No hay que ir muy lejos para adivinar los motivos, pero antes convendría detenerse a considerar la extrañeza del caso. Un Zapatero gruñón es casi tan raro, inverosímil e inesperado como un Papá Noel lascivo, un cantante mudo, un banquero manirroto o el Sahara nevado. Han sido ciertos asuntos en torno al proceso al que, de manera tan inopinada y sorpresiva se ha visto expuesto, los que han tenido que irritar enormemente a un expresidente tan bien dotado para las grandes hazañas morales y tan experto en apaciguar disidencias arriscadas.
Los primeros síntomas de su enojo se han visto a propósito de una modesta fotografía en blanco y negro, al parecer traidoramente obtenida cuando el prestigioso expresidente del gobierno se apropincuaba al paseo casi cotidiano con su amigo Julito en un reservado del monte de El Pardo. Nuestro personaje ha tenido que molestarse porque se le veía sin el atuendo adecuado a la tarea, pero no hay que creer, por ese detalle sin la menor importancia, que se hubiese citado con su pana Julito para otra cosa que el noble deporte pedestre al que ambos amigos son harto aficionados, conclusión malévola que muchos han sacado a causa de sus prejuicios que no de ninguna circunstancia fehaciente. Si ha habido coincidencias en fecha y este tipo de casualidades se debe exclusivamente a que la agenda deportiva de Zapatero es casi cotidiana y, por consiguiente, como diría Felipe González, que se le pille a punto de correrla en un día en que su amigo Julito podría estar entrando en crisis por asuntos de su exclusiva responsabilidad carece por completo de significado.
Zapatero, nuestro inmarcesible líder moral, se ha enfadado. Y ya se sabe que, cuando un santo se irrita por unas joyas, unas agendas y unas preguntas judiciales, quizá el problema no esté en él, sino en la canallesca realidad
Tampoco es plato de buen gusto para Zapatero, y de ahí que su irritación, sea, como mínimo, muy comprensible, el que se haya visto obligado a denunciar que se ha atentado a la presunción de inocencia que, sin duda, merece. Temo que en su irritación Zapatero haya confundido el talante con la viruela, por decir algo, porque si todos nos pusiésemos así de ternes con el asunto acabaría por ser imposible que se iniciase nunca ningún proceso contra nadie, que cálculo que es lo que, en el fondo, desearía el alma simple y cristalina de Zapatero, incapaz de hacer la más mínima clase de mal a cualquiera. Pues si admitimos ese deseo noble de nuestro hombre, cosa que en justicia le debemos, ¡cómo no se va a sentir violentado si se ha iniciado una investigación sobre la moral y obras de su persona con tal publicidad y escándalo!
Sospecha además Zapatero, y todo el mundo sabe que es un fino jurista, de que se están empleando contra su fama y su persona procedimientos legales nulos de pleno derecho, cosa que muy probablemente habrá consultado con los más acreditados juristas y magistrados amigos, además de verse acompañado en la demanda de todo un catedrático de derecho procesal, cosa que, por desgracia, no suele estar al alcance de muchos inocentes a los que se empapela y atrapa en los laberintos de la justicia sin que puedan hacer uso de esta maniobra tan prestigiosa.
Es una lástima que el sistema sea el preferido de los narcos con pasta, que son todos, pero esa coincidencia circunstancial no priva a la estrategia de Zapatero de un ápice de su legitimidad. Zapatero pretende que se corte de raíz cualquier sospecha sobre su presunta culpabilidad y está dispuesto a arrostrar el coste de que la gente malpensada y de derechas crea que ha sido pillado y se ha librado gracias a trucos de magia que sólo muy pocos pueden tratar de utilizar, pues son caros y dudosos. Zapatero acepta ese riesgo mortal porque está absolutamente seguro de su honorabilidad y de que la verdad se acabará imponiendo, como se comprobará también en el caso de otros compañeros en cuanto su causa se vea ante el Tribunal Constitucional, de manera que todo el mundo podrá comprobar que Zapatero no ha hecho nunca nada delictivo ni jamás hará nada que se le pueda reprochar, faltaría más.
No se debería consentir que nadie osase a insinuar, ni siquiera a título de posibilidad, que Zapatero no crea que la Justicia tenga que ser igual para todos, que se queje del mero hecho de que un magistrado le haya hecho unas preguntas, algunas tal vez un pelín impertinentes, no se queja en absoluto de eso, lo que le irrita es que la gente vaya comentando cositas a sus espaldas.
Y lo que resulta más injusto, doloroso e ingrato, es que, salvo los mejores periodistas que le apoyan a muerte, algunos medios se hayan solazado en detalles menores como el manoseado asunto de las joyas sobre las que, entre otras cosas, habría que probar, a fuer de ser rigurosos, si ha sido él o alguien a sus órdenes quien las ha puesto en una caja fuerte que, según parece, ni siquiera es suya sino del PSOE y hay que tener cuidado no vaya a ser que las haya puesto allí cualquier socialdemócrata felipista, o envidioso desalmado, deseoso de que el faro moral de Sánchez se vea puesto en tan singular aprieto.
Esto nos lleva a otro apunte, a sugerir que sea muy probable que se esté persiguiendo a Zapatero como manera indirecta de dar patadas en salva sea la parte a Pedro Sánchez, lo que no deja de ser infamia sobre ignominia, o algo así, porque todo el mundo sabe que en los años de gobierno de Zapatero no se dio ningún caso, al menos flagrante, de corrupción y eso, nos pongamos como nos pongamos, no puede decirse de los gobiernos de Pedro Sánchez ni de los secretarios de organización que ha debido de padecer el bueno de Pedro mientras él estaba gobernando para todos. Nunca se quejará Zapatero de esta carga injusta, pero hay que reconocer que ha de causarle un dolor íntimo y que acaso eso se trasluzca en el enfado del que venimos hablando.
Lo que ya roza el delirio es que se acuse a Zapatero por estar asesorando de manera gratuita al comando Leire que, a su vez, sólo tenía la dignísima intención, de combatir bulos contra Sánchez y su partido, o sea el PSOE. Gracias a las agendas que de manera burda y mal intencionada, fruto casi seguro de alguna sustracción ilegal, se ha conocido que Zapatero ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo en los últimos meses a apoyar de manera gratuita y sin compensación de ningún tipo, no como lo de otros abogados listillos que han facturado a mansalva, a los voluntariosos militantes, con algún empresario adjunto, que se proponían limpiar de bulos y de inventadas el panorama judicial de Sánchez y su partido.
Puede que a estos boy scouts del socialismo se les haya ido la mano en algún momento, fruto sin duda de su celo moral y de cierta impericia, pero su deseo ha sido siempre noble y eso es precisamente lo que ha querido acompañar la sabiduría de Zapatero, restando tiempo y esfuerzos a su humanitaria tarea allende los mares. Como para no estar enfadado, un santo es lo que es, como sospechan muchos buenos socialistas a los que se quiere abrumar con inventadas, pero verán como todo se aclara en cuanto se llegue, que hay que esperar que así sea, a la sala de Pumpido, dónde toda injusticia se lava con destreza y sin desmayo.
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