En un mundo cada vez más preocupado por no ofender a la religión musulmana y judía,  poco se dice de la religión cristiana con más de 2.200 millones de seguidores en todo el mundo, que es cada vez y cada día es más perseguida. Se habla de genocidios locales como el de Orissa, en la India, o el ocurrido en la llanura de Nínive en Irak. Y se habló mucho de la masacre armenia por el imperio otomano, o de la barbarie de Ruanda, y así podríamos abundar en más ejemplos que aparecen con frecuencia en los titulares, sin embargo se guarda un hermético silencio en torno al genocidio cristiano.

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La tensión entre la convivencia de diferentes religiones es en parte una consecuencia de la globalización que ha provocado una fuerte reacción de identidades en conflicto. Lo globalizado barre las culturas que han nacido alrededor de lo religioso,  apegadas en parte a la tradición y su oralidad. Agita estas vinculaciones y asienta el miedo a perder lo propio. De  este modo aparecen líderes y oráculos que buscan un enemigo, alguien que pague los platos rotos de esta ruptura, un dedo acusatorio que señala con  frecuencia a los cristianos.

El sitio web Asia News, desde la labor de muchos misioneros y corresponsales, registra con amplitud el testimonio y las vivencias cristianas en Asia, una presencia minoritaria. Desde una información que rechaza el espectáculo de la espuma de la noticia y el exotismo tendencioso del escenario mediático internacional, que caracteriza la información sobre Asia. quiere registrar toda la amplitud del testimonio cristiano en Asia, minoritario, pero lleno de ideas y lecciones para el resto del mundo. Huyendo del exotismo y el desprecio, que caracteriza mucha de la información sobre Asia. Cerca de 300 millones de cristianos son marcados por este dedo en Medio Oriente.

Han muerto más de 4.300 cristianos en 2018 a causa de su fe cristiana, como recoge la nueva World Watch List 2019 un 25% más que el año anterior

También el gobierno de China, despliega su totalitarismo en la persecución religiosa que sufren los pastores cristianos y sacerdotes que puedan simpatizar con la fe o que no sigan las directrices del partido comunista. El actual clima de acoso en China se manifiesta a diario contra las cinco religiones oficialmente reconocidas, que sufren con insistencia la persecución del Estado.

La facción islamista Boko Haram, lucha por asentar un califato en el norte de Nigeria, para lo que ha declarado la yihad contra el cristianismo. En la  En la India, los fundadores del hindutva, una ideología nacionalista e hinduista, exhibe una parafernalia militar en sus uniformes que recuerda a las huestes de Mussolini, han declarado enemigos a los misioneros europeos, que los ven como un peligro y una agresión. 20.000 han sido los  asesinados en Nigeria en los últimos diez años, perpetrada en gran parte por los ganadores musulmanes Mulani. The Christian Post daba cuenta el 3 de julio de 2018 del asesinato de 6.000 cristianos, en su mayoría mujeres y niños, por islamista en Nigeria. Han muerto más de 4.300 cristianos en 2018 a causa de su fe cristiana, como recoge la nueva World Watch List 2019 un 25% más que el año anterior.

Sorprende que la razón no es el racismo, no lo hacen porque sean negros, sino porque son cristianos. Se observa que mientras el Islam avanza hacia el sur en Africa, reduciéndose la presencia cristiana, con la línea del Sahel como referencia, al norte todo es Islam. Las mayores matanzas se producen en un lado, aunque nadie lo quiere contar.

Como señala Fernando de Haro en su libro “Cristianos y leones”, se produce una constante instrumentalización de la experiencia religiosa. Los europeos estamos inmersos en un mundo secularizado, en el que lo sagrado y lo religioso se ha desplazado de lo público a lo privado. Este proceso de secularización se ha dado en ciertas partes del occidente europeo, pero en el resto del mundo lo religioso está muy presente. Desde esta mentalidad secular no es fácil comprender que para mucha gente, el cristianismo no es prioritariamente una normativa, ni una tradición, es una experiencia plena y real a la que no se quiere renunciar. Por muy extraño e incomprensible que le resulte a un europeo, existe muchos creyentes dispuestos a perder su vida antes que renunciar a su creencia.

Por consiguiente, describir la persecución de los cristianos a lo largo del planeta no quiere decir que no puedan entrar en las iglesias, o tengan dificultades para acceder a un trabajo, o recitar una oración, significa que viven en peligro de muerte o de cárcel. Aunque nadie lo diga, ni esperemos que sea portada en la prensa. Sin embargo cuando un policía pega a un musulmán, o se profana un cementerio judío en Francia o en Alemania, o unas cuantas se desnudan en un templo en España, o determinado cómico o artista, en aras de la libertad de expresión, blasfema y escupe contra la religión cristiana y la devoción de miles de creyentes, la respuesta es el silencio, y la defensa a ultranza de la libertad de expresión. Mientras tanto más de 260 millones de cristianos son perseguidos en más de 109 países por lo largo y ancho del mundo.

El 28 de mayo de 2019, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que establece el 22 de agosto como el “Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas de Actos de Violencia Basados en la Religión y las Creencias”. Mucho han tardado en evidenciar una sangrante realidad, y poca confianza ofrece la creación de un “día para”, aunque bien se debería explicitar que la persecución religiosa menos reconocida, sigue siendo contra los cristianos, que son el mayor grupo religioso que sufre amenazas por su fe.

Aunque no es lo asertivo y contundente que debería ser, en este asunto con sus manifestaciones, el Papa Francisco, en marzo del año pasado, señalaba que “aunque cueste creerlo, hoy hay más mártires que en los primeros siglos”. Un ominoso silencio que ni las grandes potencias, ni sus medios de comunicación parecen dispuestos a detener.

Hace tiempo que se habla de la muerte de Dios, de la que Lipovetsky observaba en la conciencia del hombre occidental, que  según él no importaría a casi nadie. La secularización, entendida como fenómeno sociocultural de vasto territorio y alcance apareció en la reforma protestante, que se extendería desde una creciente racionalización y mundanización de la sociedad. Proceso que condujo al desplazamiento de la religión al espacio privado. Con los años 60 y 70 del pasado siglo, este parámetro moderno se asienta en un claro descenso de la práctica religiosa, así como una reducción del alcance de sus instituciones.

Llegados a este escenario postsecular, en el que ahora estamos, la religión cristiana, así como cualquier otra se contempla como una práctica libre y cultivada que ejercitan los creyentes como opción vital de sus propias convicciones y creencias. La novedad es que la era global permite estas vivencias en patrones de expresión y acción que trascienden los contextos físicos y presenciales. La incertidumbre que acompaña a nuestra era, junto al desencanto de las instituciones pueden alumbrar un nuevo renacimiento de la espiritualidad.

Foto: Milada Vigerova


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